dijous, 10 de setembre de 2020

Temps era temps : temporada teatral en “Sala Cabañes”. “Joc de Taula” y “Don Juan Tenorio”




Siempre he sostenido que la materia prima en el teatro es la obra y que los intérpretes, buenos o malos, no pueden alterar su calidad intrínseca. No intento, al hacer tal afirmación, subestimar o menos valuar el trabajo de los actores, que muchas veces, con una labor inteligente y brillante, saben extraer delicados matices que revalorizan, o por lo menos resaltan, los valores de una producción.

Pues bien: tal convicción se tambaleó seriamente al asistir a la función inaugural del presente curso en Sala Cabañes. ¿Cómo era posible que “Joc de taula”, que me pareció, cuando su estreno por Paquita Ferrándiz y Pedro Gil, una obra ágil, bien construida, hábilmente tramada y desarrollada, con un diálogo vivo y eficaz, me resultara esta vez deshilvanada, torpe, reiterativa y pesada como una losa? Cabe deducir que la formación de Manuel Durán Navarro le hizo un flaco servicio a Enrique Ortembach y a su traductor Jordi Benet. Lo cierto es que “Joc de taula” resultó más intrascendente que nunca, huérfana de todo mérito escénico y ayuna por completo de calidad. Guardaremos, pues, mejor ocasión para elogiar a Concepción Llach, Manuel Durán, Montserrat Porta, Jorge Serrat, Pedro Gili, Mª. Elena Pastor, Manuel López y Nuria Gili, desconcertados navegantes de una desarbolada nave perdidos brújula y timón.

El inmortal drama de José Zorrilla se asomó por primera vez a las candilejas de la coquetona sala, del brazo de la compañía del Círculo Barcelonés de San José, de tan grato recuerdo ante este auditorio. Y una vez más, al conjuro del famoso burlador, el teatro presentó brillantísimo aspecto, rozando el lleno total. Con lo cual, los elementos del cuadro barcelonés pueden vanagloriarse de ser una formación eminentemente taquillera.

Tras lo dicho en mi avance a la puesta en escena del Tenorio, poco debo añadir. Es muy difícil juzgar la famosa producción desde un ángulo inédito a estas alturas y no es esta ocasión de intentarlo. Quede claro que “Don Juan Tenorio” me parece obra de gran teatralidad, con tantos yerros y defectos como se quieran, y que no me disgusta lo más mínimo, antes al contrario, asistir a su representación. La poda efectuada a su texto, especialmente en los últimos actos, ha resultado muy beneficiosa. Para una compañía amateur, las dificultades que el montaje del drama encierra, son considerables. Y el más difícil es el de la interpretación, por la variedad e importancia del numeroso reparto. En la imposibilidad de mencionar a todos los actuantes, señalemos el buen porte de José María Bonet (Mejía), las bien entonadas voces de Felisa Gil y Carmen Fusted (Lucía y doña Ana), la arrogancia de José Perejoan (Centellas) y la intención de Isabel Portell (Brígida), dentro de un nivel discreto. Carmen Trujols y Roberto Valls encarnaron las principales figuras del drama. Dentro de sus conocidas características, la primera hizo una Inés ingenua y dulce. El “Don Juan” de Roberto Valls resultó desigual; fue un personaje ora enfático, ora bravucón, apagado en ocasiones y muy brioso en otros pasajes, no siempre acorde con las situaciones del drama. Demostró poseer grandes alientos y una voz que le permitió afrontar con gallardía las escenas culminantes, siendo muy festejado por el público. Bien presentada y correctamente vestida la obra, mereció entusiastas aplausos, no siempre en los momentos oportunos, y muy especialmente en los finales de acto.

+ info – publicat per
17 Novembre de 1964
Joan Torres Picazo (1919-1989)
Memòries i cròniques sobre teatre i radioteatre a Mataró

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